El tema Salvator Mundi, constante en la iconografía occidental de los siglos XV y XVI, se interpreta aquí con una alusión a la derivación bizantina que El Greco ayuda a llevar a Occidente. La figura de Cristo procede probablemente del Apostolado conservado en Oviedo, una serie de pinturas que incluían originalmente a los doce Apóstoles y al Redentor, desaparecidos de la serie de Oviedo. El Cristo Salvador que con la mano derecha levantada bendice, según el gesto latino, y sostiene la izquierda apoyada sobre el globo terráqueo, remite a la tradición de los iconos bizantinos, gracias a la disposición frontal, la mirada profunda y la forma romboidal de el halo luminoso que rodea la cabeza.