El cuadro representa, mediante una composición estudiada en el adelgazamiento progresivo de las figuras hacia arriba, la aparición del Padre Eterno a un nutrido grupo de apestados en el que, en primer plano, a la derecha, San Rocco, que intercede con favor de las víctimas de la peste. El Santo, que viajó por toda Europa dedicándose al cuidado de los apestados, es de hecho invocado contra las plagas. Probablemente el cuadro sea un exvoto realizado por los mecenas, los Effrem, que quizás afortunadamente escaparon de la enfermedad. El cuadro, obra autógrafa del artista, a menudo se ha considerado obra de taller o fruto de la colaboración de Tintoretto con su hijo Domenico, o con Leonardo Corona, o con Jacopo Palma el joven, debido a las diferencias cualitativas y estilísticas entre el superior y el inferior; este último, de hecho, es cromáticamente más sordo con respecto al característico brillo de Tintoretto, que en cambio se nota bien en la parte superior. Pero, gracias a una reciente restauración realizada con mucho acierto, es precisamente en el registro inferior donde aflora con mayor nitidez la exquisitez del color. Un color que a veces se da con pinceladas desdeñosas y enérgicas que dibujan las crestas de los drapeados, en otros casos casi “arrastre” sobre el lienzo, como para limpiar el pincel. La fecha de 1595, que no tiene relación con la de la ejecución de la pintura, puede haber sido fijada en la antigüedad, probablemente cuando la obra fue asumida por el Cabildo de la Catedral de Bari.