Fue adquirida en 1936, directamente por el artista, que entonces vivía en Milán, donde se había consolidado como exponente tardío del impresionismo lombardo tras haber estudiado en la Academia de Brera con Vespasiano Bignami y Cesare Tallone. Bien hecho y ocurrente -la gama de negros también es muy refinada-, el cuadro parece el retrato de una soubrette o de una mujer en actitud de femme fatale. Sin duda, el lienzo se remonta a los años de madurez de Amisani, cuando era un cotizado retratista de la alta sociedad milanesa.