Tierna escena familiar que retrata a la esposa del artista inclinada sobre un bebé -presuntamente su hijo Andrea, nacido en 1912- intrigada por el sonajero que sacude frente a él. Las formas opulentas y las pinceladas suaves y despeinadas son prueba inequívoca de la fascinación que ejerció sobre el artista la pintura de Auguste Renoir. C. Gelao